Una pregunta
Ya me han preguntado varias veces, en conversaciones espontáneas y en entrevistas, por qué me interesa el Genocidio Armenio. Comprendo la curiosidad, pero de alguna forma conduce a una conclusión inquietante: si uno debe explicar por qué algo le interesa, tal vez sea que no resulta evidente su interés. Habrá, pues, que seguir esforzándose en mostrar por qué el primer genocidio del siglo XX es relevante.
En mi caso, hay dos motivaciones.
En primer lugar, una importancia histórica que -a mi juicio- salta a la vista. El genocidio perpetrado contra los armenios nos permite identificar pautas que, después, encontraremos repetidas a lo largo del siglo pasado: el uso de todos los dispositivos del Estado al servicio de la destrucción de un pueblo, el discurso nacionalista excluyente, la estigmatización de un colectivo, el uso de la propaganda, la creación de mecanismos y operaciones para propiciar la impunidad, el intento de destruir no sólo a las personas, sino también los restos que prueban su mera existencia… En fin, muchos rasgos que en las décadas siguientes resultarían terriblemente familiares.
Sin embargo, en mi caso, tal vez sea incluso más poderoso el deseo de justicia. He aquí la segunda motivación. El genocido quedó impune en su mayor parte. Hubo pocas condenas y fueron poco efectivas. De reparaciones, indemnizaciones y restituciones, mejor ni hablemos. El negacionismo se convirtió en una política de Estado desde los mismos orígenes de la República de Turquía. Incluso en la República Socialista Soviética de Armenia era un tema delicado hasta la década de los 60. Asuntos como la participación de azeríes en el exterminio de sus vecinos armenios durante el genocidio eran muy, muy delicados. No se podía poner en cuestión la hermandad de los pueblos de la URSS. La memoria del genocidio se veía como un posible foco de agitación nacionalista que desafiaría el internacionalismo proletario. Sin embargo, entre los armenios, nunca cayó en el olvido. Nunca renunciaron a la justicia. Se leyeron diarios y cartas. Se conmemoró en las comunidades de la diáspora. Se publicaron libros. Nunca se resignaron a la desmemoria ni a la injusticia.
Creo que los demás tampoco deberíamos resignarnos.